viernes, 9 de marzo de 2012

La Leyenda Del Jilguerillo



Cuenta la leyenda que hace cientos de años una tribu indígena se estableció en la zona Atlántica de nuestras tierras. Entre ellos había un guerrero muy cruel llamado Batsu. Un buen día Batsu decidió buscar esposa y escogió a Jilgue, una hermosa joven que acostumbraba pasear por el bosque cantando como un pajarillo.

Cuando Jilgue se enteró de las intenciones de Batsu huyó a esconderse en el bosque. Batsu estalló en cólera cuando supo que la joven había desaparecido y mandó a sus guerreros a buscarla. Al poco andar escucharon el canto de Jilgue. Pero cada vez que se acercaban al sitio de dónde venía el canto, Jilgue desaparecía; debido a esto Batsu mandó a quemar el bosque y cuando las llamas comenzaron a levantarse le gritó a Jilgue que si salía podía salvarse.

Ella le respondió que prefería la muerte y el fuego se hacía cada vez más fuerte. De pronto vieron que Jilgue cayó al suelo y a un pajarillo color ceniza con el pico y las patas rojas comenzó a cantar sobre la cabeza de ella; escucharon que no era la voz de un pájaro sino la de Jilque y desde entonces se sigue escuchando el canto de los jilgueros que hoy pueblan los bosques de nuestra tierra.



viernes, 2 de marzo de 2012

La Leyenda Del Mico Brujo


Contaban nuestros antepasados que habían unas mujeres que a las once de la noche daban tres vueltas para atrás y luego tres para adelante; las mujeres tenían un guacal blanco y en la última vuelta vomitaban el alma en el guacal.

Cuando las mujeres ya no tenían alma tomaban figura de monos y se dedicaban a realizar diabluras. Las brujas acompañadas de la oscura noche se trepaban a los árboles y tiraban frutas a las personas; se subían a los techos de las casas saltando de un lugar a otro arrojando piedras a las personas que caminaban en las calles.

También se sabe que estas mujeres podían convertirse en monos gigantes negros y llenos de lodo y cuando veían a una persona aligeraban su trote y comenzaban a gruñir, atrapaban a la persona y le daban mordiscos en las piernas hasta derribarlos y hacerles perder el conocimiento. Al día siguiente las víctimas despertaban mordidas y con los bolsillos vacíos.

Muchas personas han tratado de agarrarlas y matarlas pero no les ha servido ya que cuando están cerca y creen tenerlas acorraladas se les esfuman como por encanto.